Crónicas de un hombre de nieve

15 03 2007

Las nieves de Coyoacán era mi más cercano encuentro con la nieve antes de migrar a estos helados rumbos. Como niña chiquita, cuando los primeros copos cayeron frente a mí, mi mente se llenó de deseos febriles de dotar de vida a un hombrecillo de nieve.

La etapa febril pasó junto con la gripa que pesqué por estar fuera tanto tiempo con el frío intenso. Pero los deseos permanecieron. Sin embargo, hacer un hombre de nieve resultó una titánica tarea, una labor que ha requerido multitud de intentos y que ha dejado a su paso un aprendizaje invaluable.

Al preguntar a mis amigos canadienses el secreto para hacer un hombre de nieve, su respuesta fue simple, pero profunda. “Aléjate de la nieve amarilla.”

Manteniendo en mente tan valioso consejo, hice mi primera creación, con blanca nieve y manos ansiosas. Versión 0.1 (pre-alfa), con una altura de … 8cm.


Foto: irian

Algunos días después, en compañía de amigos de sangre cálida, realizamos un nuevo intento de hacer un hombre de nieve. Aunque parezca que simplemente apilamos nieve, evidentemente nuestro hombrecito es un homenaje a la “Guerra de las Galaxias”, un Jabba nevado con sombrerito de paja.


Foto: irian

Jabba nos enseñó una gran lección. A diferencia de lo que había aprendido en tiras cómicas, no es posible hacer un hombre de nieve en cualquier día. La nieve tiene que ser apropiada, de tal forma que cuando la presione uno entre las manos, sea posible formar una bola compacta sin demasiado esfuerzo. En general, cuando la temperatura es cercana a las 0°C, la nieve es buena. Cuando hace demasiado frío, se desmorona, y cuando hace más calor, no hay sino hielo o lodo. Es truculento. Me han señalado que la mejor fuente de información con respecto a la calidad de la nieve es algún vecino de cuatro años de edad.

Después de las carcajadas que despertó Jabba en amigos expertos en el manejo de nieve que ignoraban que su forma era, obviamente, intencional, recibí otro importante consejo respecto a jugar con nieve. Al igual que la piedra en el camino, hay que rodar y rodar. Se supone que uno empieza compactando nieve entre las manos, y cuando la bola es suficientemente grande, hay que rodarla en el piso para que crezca. ¡De haber sabido!

Otros amigos también me mencionaron que ayuda el tomar la nieve entre las manos sin guantes, para que se derrita ligeramente con el calor del cuerpo y sea más fácil compactarla. A la siguiente nevada, intenté poner en práctica los nuevos consejos. Pero debido a que hizo calor (o lo que aquí consideran calor), la nieve era más bien hielo, y mi hombrecillo resultó algo pequeño… Unos 20cm. Con ojos de lenteja.


Foto: irian

El duendecillo de nieve me mostró que no puedo tocar la nieve con las manos por más de 2 minutos. Sorpresa, la nieve es fría.

Días más tarde, con más nieve disponible, llegó el niño de nieve. Una altura más razonable, nariz de zanahoria, y hasta brazos de ramita. Pero creo que sufrió una muerte temprana gracias a la patada del susodicho vecino de cuatro años de edad.


Foto: irian

Y entonces llegó el coloso Thor, el invencible. Un día de excelente y abundante nieve, ayuda por parte de dos fuertes caballeros, mucho ingenio y esfuerzo por parte de ellos para levantar las partes, y al fin, un hombre de nieve imponente, dispuesto a vigilar nuestro patio durante el resto del invierno.


Foto: irian

Sombrero vaquero. Palos de hockey como brazos, retando a seres insolentes a atreverse a patearlo. Pero al igual que Aquiles, nuestro coloso tiene una grave debilidad. Durante una semana especialmente cálida, nuestro gigante fue derritiéndose lentamente, hasta que no quedó de él más que pálidos restos de hielo y extremidades de madera esparcidas por el suelo.


Foto: irian

Lo que más me entristece es que la muerte de nuestro coloso fue en vano, pues otra vez está nevando y haciendo frío después de una – lo admito, bienvenida – semana decente gracias al Chinook. La muerte de nuestro gran hombre de nieve también nos ilustró la última e importante lección del día: es saludable colocar al hombre de nieve lejos de la banqueta para evitar que la avalancha, inevitable al derretirse, cause daños severos a un pobre incauto.


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One response

26 03 2007
Y marzo otro poco... « Alcázar de Papel

[…] bermudas y sandalias), lo que llevó a la muerte a mi pobre hombre de nieve. Que en paz descanses, Thor, siempre te […]

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