Una Noche en el Museo

11 01 2007

Una noche en el museo

Después de un hermoso tiempecillo en mi linda ciudad con mi familia, ya estoy de regreso en compañía de los pingüinos y osos polares. Mi corazón, o mejor dicho, mi maleta, se quedó en San Francisco, junto con mi chamarra de invierno, lo cual no me hizo nada de gracia. Especialmente con este frío de perros. Pero bueno, ahora que mis cosas ya están conmigo soy muy feliz otra vez. Van dos veces que vuelo por San Francisco, pero sólo conozco el aeropuerto y no he podido visitar sus atracciones y museos. Claro que hay museos que requieren mucho tiempo para recorrerlos, como el Museo de Historia Natural de Nueva York, cuya sala egipcia sola puede mantenerte entretenido por un par de horas. “Una Noche en el Museo” justamente se desarrolla en tan bonito lugar.

En esta película, Ben Stiller aparece como un padre medio desobligado incapaz de mantener un empleo por más de unos días. Para evitar una desilusión más a su hijo, acepta el trabajo de velador en un museo, trabajo que los antiguos veladores parecen demasiado ansiosos por entregar a su sucesor. Pues éste no es un museo cualquiera. Al anochecer, todos sus personajes cobran vida y deambulan alegremente (y en otros casos, más bien agresivamente) por los pasillos del recinto.

“Una Noche el el Museo” es relativamente graciosa, y tiene una galería tan variada de personajes que por momentos resulta encantadora. Teddy Roosevelt se pasea a caballo, Sacajawea se pasa la noche detrás de una vitrina escuchando a Lewis y Clark discutir, un metálico e incomprendido Cristóbal Colón vocifera en italiano cuando lo confunden con Cortés, Atila el Huno busca incautos a quien descuartizar mientras que un tiranosaurio hace de las suyas. En la sala de maquetas, el mundo romano y el vaquero se enfrentan cada noche, mientras que los pobres mayas lanzan flechas desde detrás de un vidrio. Que en realidad los mayas tenían concimiento científico más avanzado que ambos, pero bueno… Ben Stiller nunca me ha gustado mucho, pues sus actuaciones siempre son lo mismo, y en este caso no sorprende. Pero Owen Wilson y sus rencillas con el augusto emperador Octavio entretienen bastante, y Robin Williams enternece. Y aunque el giro inesperado de la historia no lo es tanto, la interacción entre las figuritas es simpática, y es suficiente para pasar el rato. Por cierto, si alguien está interesado en visitar este museo, es mucho más grande e impresionante de lo que aparece en la película, pero dudo que logren ver a las figuras hablar.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: