Babel

18 11 2006

Babel

Tenía tantas ganas de ver “Babel”. “Amores Perros” me agradó bastante, a pesar de la crueldad de algunas de sus escenas. La manera en que Alejandro González Iñarritu, director de la misma, logró hilar las diferentes historias con el accidente de auto, me pareció extraordinaria. “21 gramos” me pareció razonablemente buena, y tenía grandes expectativas sobre “Babel”, su más reciente película.

Babel. La mítica ciudad bíblica en la que una arrogante civilización decidió construir una torre alta como ninguna otra, tan alta que le permitiría alcanzar el cielo sin necesidad de intervención divina. Como reprimenda, Dios introdujo confusión entre esta civilización al hacer que los hombres hablasen diferentes idiomas. ¿Pueden imaginar el horrible desastre que aconteció? Ninguno de los trabajadores podía entender a los demás, y el caos y la confusión reinó, deteniendo la construcción de la torre. Así, la película “Babel” toma prestado varios elementos de este pasaje bíblico. Narra cuatro historias completamente independientes, pero entrelazadas por unas sutiles relaciones entre sus personajes. Las cuatro historias tienen que ver con tragedias acontecidas por problemas de comunicación. Y el resultado es un amasijo confuso de hermosas escenas e historias dignas de ser contadas, pero no por eso menos confuso.

“Babel” es difícil de describir. Sus cuatro historias son todas de considerable longitud, envergadura, y con drama y tragedia suficiente para una historia propia. Cada una ocurre en un lugar diferente, y con un idioma propio. Cada loco con su cuento. Por una parte, se encuentran dos niños pastores marroquís, que probando el alcance de una escopeta terminan usando de blanco un camión de pasajeros y hieren a una turista norteamericana, incidente inmediata y nada sorprendentemente atribuído a un ataque terrorista. Por otra parte, tenemos a una pareja de norteamericanos que se encuentran vacacionando en Marruecos, intentando parchar su matrimonio, pero las cosas se complican cuando la mujer resulta ser la desafortunada turista que recibe el balazo. Otro hilo más cuenta la historia de los hijos de la pareja, que terminan experimentando un inusual y poco alentador viaje a Tijuana en compañía de su niñera mexicana y su alocado sobrino. Y la cuarta historia, que parece tener poca relación con las demás hasta cerca del final, nos acerca a la vida de una joven sordomuda japonesa, el rechazo que sufre por parte de la sociedad y la dificultad que experimenta para sobrellevar la muerte de su madre. Caray, cuanta tragedia en tan poco tiempo. Y ese es el principal problema de la película. El hilo que une las diferentes historias es muy débil, y aunque cada historia por separado es conmovedora e interesante, en particular la secuencia en Japón, tanta tragedia junta parece forzada, como si el director simplemente tuviera deseos de mostrar lo horriblemente espantosa que puede ser la vida. Cada secuencia tiene sus méritos, pero juntas, a mi parecer, no funcionan.

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