Dead Man Walking

16 02 2006

No acostumbro ir mucho a la ópera, aunque me gustarí­a hacerlo más seguido. Aprovechando un atractivo descuento, me lancé a ver “Dead Man Walking”, ópera contemporánea norteamericana que se presentó recientemente en Calgary. No he leí­do el libro en el que esta basada, ni la pelí­cula con Sean Penn y Susan Sarandon, así­ que no tení­a ningún marco de referencia al respecto de la historia, pero probablemente algunos de ustedes ya están familiarizados con la trama. La hermana Prejean, tras conocer a un preso condenado a muerte en Lousiana por el brutal asesinato de dos jovencitos con el que mantení­a correspondencia, se involucra como su asesora espiritual, adentrándose en todo el proceso judicial y acompañando al condenado y su familia hasta el final, en busca de la redención.

Cruda, conmovedora, y en momentos, desenfadada, con referencias a í­conos de la cultura popular como Elvis y situaciones cotidianas como las multas de tránsito, “Dead Man Walking” probablemente se encuentra más cerca de Gershwin y Sondheim que de Puccini y Mozart. Carezco de oí­do musical, y no atino un tono ni aunque me llegue de frente, así­ que no estoy calificada para hablar de los méritos músicales de esta obra, con música de Jake Heggie, sin embargo, puedo decir que la voz del condenado me agradó mucho, que la última canción antes del intermedio interpretada por todos los personajes es espectacular, y que consigue involucrar al espectador sin abrumar.

Es imposible ver una ópera de esta temática sin ponderar el asunto de la pena de muerte. La hermana Helena Prejean es una fuerte opositora de la pena capital, y ha pasado su vida entre condenados a muerte, sus familiares, y organizaciones en busca de su abolición. Personalmente, tampoco creo en esta forma de solucionar el crimen, que poco ha hecho para reducirlo, y que adjudica arbitrariamente el poder de decidir acerca de la vida o muerte de otras personas, pero existen muchos puntos de vista y circunstancias al respecto, en todas las escalas de grises.

Por fortuna, la ópera no pretende predicar, ni en contra ni a favor, lo que resultarí­a pretencioso y tedioso. Simplemente presenta a un hombre que evidentemente ha cometido un crimen monstruoso, pero que no por eso deja de ser humano, con sueños, lazos personales, ambiciones y temores, tan humano como los familiares de las ví­ctimas. Las acciones del condenado son mostradas en la brutal escena inicial, tan desgarradora como el final bajo la inyección letal, un final en el que nadie encuentra paz.

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One response

18 02 2005
Levi Sandoval

que envidia, yo nunca he ido a una opera… para estos rumbos no hay ese tipo de espectaculos y la gente se conforma con shows de Valentin Elizarde, sergio vega u otros artistillas. La verdad que yo si me divertiria mucho en un espectaculo asi…

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