“Cabo Trafalgar”, de Arturo Pérez-Reverte

25 11 2005

El 21 de octubre de este año se ha cumplido el 200 aniversario de la batalla de Trafalgar, una apabullante derrota de la flota franco-española por parte de la armada inglesa. Arturo Pérez-Reverte, con su peculiar desenfadado estilo, describe en “Cabo Trafalgar” los eventos rodeando a esta batalla naval, desde el punto de vista de una nave ficticia tripulada por un suigéneris conjunto de personajes desde el respetable capitán del naví­o hasta un recluta de leva con instintos asesinos.

Con su irreverencia caracterí­stica, y un negro sentido del humor, el autor pone en claro su punto de vista acerca de este evento histórico y de la guerra en general. Lejos de narrar heroicas hazañas y patrióticos momentos, esta batalla es descrita como una serie de poco afortunadas decisiones por parte de un mando incompetente.

Una seria desventaja de las novelas históricas es que resulta difí­cil sorprender al lector puesto que muchos de los eventos descritos son parte del dominio público. El resultado de la batalla de Trafalgar es bastante conocido, y en caso que no lo fuera, las primeras páginas del libro ilustran las formaciones de los barcos a lo largo de la batalla, dejando muy en claro cuáles fueron capturados o hundidos y cuáles escaparon. Aunque este no es el mejor libro de Pérez-Reverte, y en algunas ocasiones el exceso de obscuros términos náuticos y lenguaje soez no es particularmente efectivo, “Cabo Trafalgar” es una lectura muy divertida y educativa, llena de acción, cañonazos, mordaces crí­ticas, y uno que otro valiente. La desesperada lucha de algunos personajes, en contraste con la cobardí­a de algunos otros, es descrita con tal vividez, que los conocidos eventos militares resultan atrayentes. Interesantes, emocionantes, entretenidos, más nunca glorificados, pues si algo hay en claro es que la guerra nunca lleva a nada.





Fullmetal Alchemist

20 11 2005

El principio de equivalencia de intercambio de la alquimia señala que no es posible ganar nada sin dar algo a cambio. Los hermanos Elric, Edward y Alphonse, descubrieron este hecho de una manera un tanto dolorosa. Durante el intento fallido por revivir a su madre, Edward perdió un brazo y una pierna, mientras que Alphonse perdió su cuerpo y sólo gracias a la resolución de su hermano se mantuvo con vida, pero con una armadura metálica como cuerpo. Así­ comienza Fullmetal Alchemist, una de las series más entretenidas e intrigantes que han aparecido recientemente.

Haciendo a un lado lo que nos dicta el sentido común y los principios de la fí­sica, y aceptando un mundo donde la transmutación de la materia a través de la alquimia es cosa habitual, la historia de Fullmetal Alchemist es emocionante, llena de giros inesperados, y pasa de la comedia a la tragedia y la reflexión filosófica con gran facilidad. Fullmetal Alchemist sigue las aventuras de Ed y Al en su búsqueda de la piedra filosofal, un legendario objeto que podrí­a restaurar sus cuerpos. Para lograr su objetivo, Ed, cuyas extremidades perdidas han sido reemplazadas por prótesis mecánicas, decide integrarse al ejército como alquimista estatal. Aparentemente, Ed y Al no son los únicos tras la piedra filosofal, y a lo largo de sus aventuras, descubrirán los terribles secretos que esconde esta piedra, y lo que está dispuesto a hacer el hombre con tal de conseguir sus objetivos. Y al mismo tiempo, durante su búsqueda, se cuestionan puntos con respuestas poco claras. ¿Cuánto vale la vida humana? ¿Qué distingue a un humano?

La historia de Fullmetal Alchemist es interesante y ha sido delineada con sumo cuidado. Exceptuando un punto clave en la historia que no es difí­cil de adivinar con un mí­nimo conocimento de clásicos de la literatura, el misterio de la piedra y los seres que están tras de ella está lleno de sorpresas. Añadiendo a la excelente historia un interesante elenco, con personajes bien desarrollados, humanos, con pasado y motivaciones creí­bles, esta es una de las series recientes que hay que ver.





Harry Potter y el Cáliz de Fuego

19 11 2005

El cuarto libro de Harry Potter es mi favorito de la serie hasta el momento. Es en este libro donde el tono de la serie entera se transforma, el punto clave donde J.K.Rowling deja de narrar la historia de un afortunado niño que se ha visto envuelto en mágicas aventuras con final feliz y se centra en temas más obscuros y de mayor alcance. El mundo mágico no se limita ahora a Hogwarts, Harry y sus amigos. A través de un mundial de Quidditch y un torneo amistoso entre escuelas, podemos ver que la magia abarca mucho más de que se nos habí­a presentado anteriormente, y que los aparentemente intrascendentes eventos en los que Harry se ha visto envuelto, tienen consecuencias mucho más grandes de lo imaginable. Y es también en este punto donde queda claro que lo que viene a continuación no va a ser fácil, que sólo la suerte no va a poder sacar al protagonista de apuros todo el tiempo, y que eventos trágicos empañanarán la hasta ahora despreocupada vida de Harry y sus amigos.

Asi, me dirigí­ al cine con grandes expectativas. Imaginaba que serí­a un reto capturar el masivo cuarto libro en dos horas y media de pelí­cula. Sin embargo, el director logró condensar razonablemente los eventos principales, además de algunos detalles relacionados con el desarrollo de los personajes. El mundial de Quidditch y la aparición de la marca oscura, el torneo de magos, dragones, retos y bailes incluí­dos, y la escalofriante conclusión; para los que hayan leí­do el libro, es muy agradable ver tan hermosamente animados todos estos eventos. Cierto, muchas partes han sido recortadas, como los continuos e insidiosos comentarios de Rita Skeeter, la historia completa de los amores de Krum, el mapa del merodeador, más apariciones de Sirius. Y las reacciones de algunos personajes son un poco inusitadas, como es el caso de una pequeña explosión de Dumbledore, o la casi indiferente actitud del personaje principal al regresar a casa después de todo lo ocurrido. Pero a pesar de estos detalles, la pelí­cula tiene un brillo propio, y deja aún mayores expectativas para las siguientes entregas.





La Guerra de los Mundos

4 11 2005

En la noche de Halloween de 1938, pánico masivo se extendió por los Estados Unidos conforme se escuchaban en la radio espeluznantes noticias acerca de una invasión extraterrestre. Las noticias, sorprendentes al inicio, adquirieron poco a poco un matiz nada alentador: después de una serie de explosiones en Marte y de la caí­da de meteoritos en la superficie de la Tierra, unos poco amigables marcianos estaban empeñados en erradicar a la raza humana, asesinando, destrozando, envenenando despiadadamente y arrasando con todo lo que habí­a a su paso. La desesperación se apoderó de la gente al escuchar que los esfuerzos del ejército no rendí­an fruto alguno, para más tarde descubrir que esta emisión radial no era más que una adaptación de la novela de H.G. Wells, “La Guerra de los Mundos”, a cargo de Orson Welles.

Diversas adaptaciones cinematográficas se han hecho de esta historia. La más reciente, estelarizada por Tom Cruise en el papel de un desobligado padre que hace lo que puede por mantener a sus hijos con vida en medio del caos generado por los destructivos aliení­genas, representa un gran adelanto con respecto a las versiones anteriores en cuanto a efectos especiales, y aunque entretenida, no aporta nada nuevo. Las naves son mucho más detalladas, los extraterrestres mucho más orgánicos, y las batallas más ví­vidas, sin embargo, no hay mucho más atrás de las luces y explosiones. A diferencia de las anteriores pelí­culas y del libro, existen pocas reflexiones acerca de porque los extraterrestres están en la Tierra y porque actúan de esta forma. Poco se menciona el hecho de que la brutalidad de los invasores no es muy diferente de la de los humanos en sus propias guerras. Y es esta brutalidad, este miedo a lo que es capaz de hacer un invasor, lo que hizo tan efectiva la versión de radio, en plena Segunda Guerra Mundial.





“Memorias del águila y el jaguar”, de Isabel Allende

1 11 2005

Alex Cold es un adolescente común y corriente, y su vida transcurre sin novedades, hasta que es enviado a vivir con su abuela mientras su madre enfrenta un duro tratamiento médico para el cáncer. Claro está, no se trata de cualquier abuela. Kate Cold es una reportera para el International Geographic, y su reencuentro con su nieto se convierte pronto en una expedición al Amazonas en búsqueda de las “bestias”, una versión tropical del Yeti. Al llegar a la selva, Alex traba amistad con Nadia Santos, una extraña niña que siempre anda acompañada de un mono, y que naturalmente posee la habilidad de hablar con los animales. Pronto, Alex y Nadia se ven involucrados en una conspiración de genocidio, y con una serie de eventos casi mágicos involucrando espí­ritus, criaturas milenarias y animales totémicos.

“La Ciudad de las Bestias” es el más aceptable de los libros de esta trilogí­a. Aunque impositiva en cuanto a sus ideologí­as, repleta de clichés y estereotipos, y con héroes un tanto desabridos, la historia involucra un par de sorpresas que resultan más o menos entretenidas.

“El Reino del Dragón de Oro” es mucho menos afortunado. En este caso, justo tras regresar a casa, primero habiendo utilizado los elementos adquiridos en la selva para beneficio de su madre, Alex se autoinvita a una nueva expedición de su abuela, en este caso, al Reino Prohibido, en el Himalaya, ahora con la intención de fotografiar a los Yetis originales. Kate aparentemente recibe muy buena paga, y es bastante dadivosa, pues invita a Nadia a acompañarlos en este viaje laboral. Su visita al Reino Prohibido se ve opacada por un tragicómico dúo, el “Coleccionista” y el “Especialista”, empecinados en hacerse de el legendario dragón de oro, una valiosa estatua con grandes poderes espirituales, y en la que Alex también está interesado porque contra el cáncer, un talismán mágico más nunca sobra. Alex y Nadia se topan directo con una conspiración de homicidio, y cruzan caminos con una raza de criaturas milenarias, espí­ritus, salvajes medio ineptos, un monje budista y su pupilo en la más pura tradición del “pequeño saltamonte”. En este caso, el personaje conspirador es bastante evidente desde el inicio. Los elementos y giros sorprendentes del primer libro son sobreexplotados en esta segunda entrega, con Nadia y Alex haciendo extensivo uso de sus animales totémicos y sus inexplicables habilidades para salir de apuros sin necesidad de usar dos neuronas.

Al llegar a “El Bosque de los Pigmeos” existe poco espacio para sorpresas. Repitiendo la misma fórmula, pero sin equivalentes africanos para el Yeti, Alex y Nadia se invitan a la nueva expedición de su abuela. Su safari en Africa se ve interrumpido por un misionero que los convence de ayudarle a internarse en plenos dominios de un ambicioso dictador y sus asistentes, un implacable militar y un temible hechicero. Nadia y Alex se ven pronto involucrados en una conspiración de explotación, y cruzan caminos con una tribu milenaria de pigmeos oprimidos, espí­ritus, y hechicerí­a. Claro está, a esta altura, Alex, Nadia y el lector mismo ya no se sorprende de ninguno de estos eventos. La transmutación, invisibilidad, telepatí­a, comunicación con los animales, son ya actividades tan naturales como respirar, así­ que los chicos no tienen ningún problema para enfrentarse contra estas adversidades. La identidad y verdadera naturaleza del villano de la historia es completamente predecible desde el primer capí­tulo. Y el final, en semejanza de una producción teatral de Broadway, arroja a todos los personajes habidos y por haber, junto con la mesa de la cocina y las tazas de té, apareciendo triunfalmente.

Desgraciadamente, Isabel Allende se esfuerza demasiado en hacer su trilogí­a accesible para niños, eliminando cualquier elemento que pudiera interesar a un lector adulto. No existe ningún elemento de realidad en los personajes, ni verosimilitud alguna en la historia. En su esfuerzo por convertir a los niños en héroes, todos los adultos son mostrados con escasa capacidad mental, y abundantes y absurdos poderes son otorgados a los protagonistas en su experiencia amazónica. La misma fórmula es repetida una y otra vez. Y en su afán por dar un mensaje a la juventud, los sermones ecologistas son repetitivos y poco efectivos, como un panfleto que se repite a diestra y siniestra sin saber siquiera lo que dice. La literatura de fantasí­a con profundos mensajes y originales temáticas requiere de una gran sutileza, personajes interesantes y ambientes congruentes delineados con cuidado, como lo hace exitosamente Ursula K. LeGuin, no de un revoltijo de clichés, simplificado y sin calorí­as, como estas tristes “Memorias del águila y el jaguar”.








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