
Foto: EvaYerbabuena.com
Este fin de semana tuve el privilegio de ir a Bellas Artes a ver la presentaciónde danza flamenca de Eva Yerbabuena, una de las bailaoras más notables hoy en día, dentro del marco del Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México. Simplemente el ir al Palacio de Bellas Artes es una grata experiencia. La limpieza y elegancia de su arquitectura no deja de impresionarme. Conseguí boletos en uno de los pisos más bajos, por lo que pude contemplar la hermosa cortina de cristal y el espectáculo sin sufrir el vértigo que me agobia cuando mis recursos no alcanzan más que para lugares en la azotea. Insisto, deberían colocar cinturones de seguridad en esos asientos. A pesar de que el evento inició 40 minutos más tarde de lo planeado, y que al no permitirse la entrada anticipada del público por fuera Bellas Artes parecía más romería que nada, en el momento en que Eva se paró en el escenario, no pude sino dejarme atrapar por la belleza y sensibilidad de sus movimientos, y por la riqueza de su lenguaje corporal.
Uno de mis momentos favoritos fue la granaína, delicada expresión de lo que representa Granada para Eva. Además de la inherente dificultad de bailar este palo que no fue creado para ser bailado debido a la naturaleza libre de su métrica, la fluidez con que la bata de cola se dibujaba en el aire daba una gran fuerza a este número. Se movía como flotando en el aire, como si fuera un sueño. ¡Hasta parecía fácil! La soleá fue también absolutamente maravillosa. Técnica impecable y envidiable, pero además, mucha fuerza y dolor, harta jondura, quebrándose, zapateando, pero ante todo, compartiendo su sentir. Y si a esto agregamos una compañía de baile sólida y consistente, músicos talentosos y cante del bueno, no hay como olvidar esta experiencia. ¡Que espero se repita!

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